Revista Todo
Narciso era un muchacho dotado de una belleza y atractivos sin igual. Todos los que le conocían se enamoraban de él, pero Narciso trataba a todo el mundo con condescendencia y desdén. Hasta que un día la diosa Némesis le mandó un castigo e hizo que un día Narciso se parase a beber agua en un manantial en la cima del monte Helicon. Cuando Narciso vio el reflejo de su imagen quedó tan prendado de ésta que se enamoró de sí mismo. Como cada vez que intentaba alcanzar a su imagen ésta desaparecía, se quedó allí hasta que murió. En ese lugar apareció una bonita y extraña flor, a la que todos conocemos como narciso.

¿Cuándo decimos que alguien tiene una personalidad narcisista? Las características generales podrían ser:
- Grandiosidad: el narcisista se cree muy importante, piensa que todo lo sabe, de todo entiende y que en general, es mejor que los demás. Le encanta hablar de sí mismo/a.

- Falta de empatía: le cuesta ponerse en el lugar de los demás y compartir sus sentimientos. Muestra una gran susceptibilidad si no atienden a sus necesidades inmediatas y se ofende fácilmente.
- Aprobación: Necesita que los demás le digan continuamente lo mucho que vale y lo importante que es. Siente de verás que merece una gran admiración y se frustra enormemente si su entorno no le alaba por norma.

- Intolerancia a las críticas: Claramente este tipo de personalidad no soporta las críticas. No suele tener una buena reacción si alguien le dice algo que considere una crítica. Podría reaccionar con rabia, e incluso menospreciar o infravalorar a la otra persona…también a veces forma tal jaleo que los demás hacen como que le dan la razón para evitar el conflicto.

- Negación/Envidia: Si se encuentra mal por alguna situación enseguida lo niega. Se sobrevalora mucho y de verás se lo cree. Por otra parte, puede sentir alguna punzada de envidia ante alguien que muestre una personalidad empática y emocionalmente abierta, ya que sospecha que todo el mundo posee un trasfondo de malicia. Evalúan las situaciones y las personas en términos muy polarizados del tipo todo o nada.

- Manipulador: alguien con personalidad narcisista puede intentar manipular a las personas que le rodean para que se haga su voluntad.

- Desdén: puede tratar a su pareja con gran desdén o desprecio. Aunque piense que hace mucho por su pareja, si ésta no cumple con sus expectativas, puede encontrarse con una buena pelea o con feas palabras de desprecio, porque piensa que merece las atenciones de su pareja.

- Sobrevaloración: siente que es el mejor en su trabajo, que hace más que nadie y que su papel es muy importante en su empresa, o en el caso de los estudiantes, puede que sienta que está por encima incluso de sus profesores.

En la personalidad narcisista podemos encontrar todas las características anteriores, o varias o incluso una nada más. Cuando formamos nuestra personalidad la llenamos de tendencias de pensamiento y comportamiento, y podemos poseer alguna de esas características. Podemos conocer a alguien que posea alguna de estas características, ya que es más común de lo que parece.

» Leer Más ...

Cuando veo las noticias, a menudo me pregunto cómo estamos permitiendo que haya países en guerra, qué haya seres humanos que desesperados se jueguen la vida por escapar de la barbarie y el horror que crean otros seres humanos. Si echamos un vistazo a la historia podríamos preguntarnos, ¿cómo es posible que Hitler tuviese tantos seguidores? millones de judíos murieron a manos de unos pocos...Ha pasado muchas veces, es inherente al ser humano. Unos pocos proponen y consiguen que un numeroso grupo de personas les sigan y que incluso hagan el “trabajo sucio”… ¿por qué ocurre esto? , ¿seríamos capaces de cometer este tipo de crímenes? La mayoría de nosotros contestaríamos que no…, “es imposible que yo hiciese algo así”, pensaremos. Pero un psicólogo norteamericano realizó una serie de experimentos que nos haría replantearnos estas cuestiones.

En 1961, Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, se preguntó cuáles son las claves psicológicas que explican por qué, en determinadas circunstancias, los seres humanos somos capaces de transgredir nuestros propios valores morales. Para contestar a estas cuestiones realizó unos experimentos, como el siguiente: reclutó a 40 participantes poniendo un anuncio en el periódico en el que se les invitaba a formar parte de un experimento sobre “memoria y aprendizaje”, y por el que se les pagaría a los participantes unos 4 dólares (más o menos unos 30 euros actuales).

En este experimento participaban 3 personas cada vez: un maestro, un alumno y el investigador (Milgram). El voluntario hacía de “maestro” (creía que le tocaba este papel por sorteo pero ya estaba adjudicado de antemano). El alumno era un cómplice de Milgram, y el investigador era el propio Milgram, el cual llevaba una bata blanca y ejercía como figura autoritaria. El maestro tenía que pulsar unos botones en un generador que descargaban una descarga eléctrica (ficticia por supuesto, pero eso el maestro/voluntario no lo sabía) al alumno, que se encontraba en una habitación al lado, atado a una silla. Milgram colocó etiquetas en los botones del generador que indicaban la intensidad de la descarga, desde moderado, fuerte, peligro: descarga grave hasta XXX. Como he comentado anteriormente, el generador era falso y sólo producía sonidos al pulsar los interruptores. El maestro tenía que enseñar una serie de pares de palabras al alumno y si éste cometía algún error, debía ser castigado con una descarga eléctrica que sería cada vez 15 voltios más potente tras cada error.

Para que pareciese más realista, cada vez que se incrementaba la intensidad, se activaba un audio grabado con lamentos, quejidos y gritos.

El único que no sabía que todo esto era falso era el maestro/voluntario. Si el maestro dudaba o se negaba a aplicar la descarga, el investigador respondía con una respuesta predefinida y persuasiva: “continúe, por favor”, “el experimento necesita que usted siga”, “es absolutamente esencial que continúe”, “ siga, por favor”, “usted no tiene otra opción, debe continuar”. Si el maestro preguntaba quién se hacía responsable si algo le sucedía al alumno, el investigador le contestaba que no se preocupase que el responsable sería el mismo investigador.

Los resultados de este experimento fueron muy esclarecedores y sorprendentes. Muchos de los maestros/voluntarios se sentían tensos y angustiados cuando oían los gritos que provenían de la habitación contigua. Algunos se sintieron realmente mal (3 de ellos), y aunque la mayoría se sentían muy incómodos, los 40 participantes obedecieron hasta el nivel de descarga de 300 voltios, mientras que 25 de los 40 participantes llegaron incluso al máximo de 450 voltios.

Esto indica que el 65% de los participantes llegaron hasta el final, incluso cuando en algunos momentos de las grabaciones el alumno se quejaba de padecer problemas cardíacos.

Las conclusiones que extrajo Milgram de este experimento podrían resumirse en los puntos siguientes:
- Cuando el sujeto obedece lo que le dicta la figura autoritaria, deja de funcionar su conciencia y se produce una abdicación de la responsabilidad.
- A menor contacto con la víctima y cuánto más lejos físicamente se encuentren de ésta, son más obedientes los sujetos.
- Los sujetos con una personalidad autoritaria son más obedientes que los no autoritarios.
- A mayor proximidad con la figura autoritaria, mayor obediencia tienen los sujetos.
- Cuanta mayor formación académica tengan los sujetos, menos se sentirán intimidados por la figura autoritaria, con lo que se disminuye el nivel de obediencia.
- Aquellos sujetos que han recibido algún tipo de instrucción militar o con una severa disciplina son más propensos a obedecer.
- Tanto hombres como mujeres obedecen por igual.
- Las personas tendemos a justificar nuestros actos inexplicables.

» Leer Más ...

En este mes disfrutamos del 14 de febrero…día de los enamorados. Muchas parejas habrán salido a cenar o se habrán comprado algún detallito o flores. Para esta ocasión quería hacer un artículo dedicado a las parejas y al amor desde un enfoque psicológico. He pensado que podría ser interesante explicar una línea teórica ampliamente utilizada en las terapias de pareja y que quizás os pueda ayudar a entender las diferentes relaciones de pareja.

En 1986, el psicólogo estadounidense Robert Sternberg, planteó una interesante teoría del amor, en la que señaló 3 componentes fundamentales: Intimidad (I), Pasión (P) y Decisión/Compromiso (C).
Sternberg diseñó un triángulo en el cual cada vértice corresponde a cada uno de los componentes anteriores. Si una pareja desea saber en qué punto está su relación, o en qué puede reforzarse para encontrar el equilibrio y la estabilidad, es muy interesante que investiguen en este punto, ya que seguro que la información que les proporcione será de gran ayuda. En la escala (o test) que diseñó Sternberg se realizan 45 preguntas acerca de los 3 componentes, intimidad, pasión y decisión/compromiso, que la pareja realiza por separado y de forma individual. Suele ser común que cada integrante que forma la pareja viva la relación de forma diferente, y los resultados del test ofrecen claridad en este respecto.

El término de intimidad en este ámbito se refiere al grado de confianza que existe en la pareja.

Se refiere a las emociones que acercan a la gente, como el respeto, el afecto y el apoyo. Los sentimientos de intimidad son lo que llevan a la gente a querer compartir cosas, a revelar cosas personales y privadas entre sí.

Cuando se habla de pasión, nos referimos a la atracción física. Es un deseo fuerte de estar con la otra persona. La pasión es sexual muchas veces, pero no siempre. Sternberg afirma que la pasión es un sentimiento que crece rápidamente, pero que luego cede poco a poco.

El tercer componente fundamental de este “triángulo del amor” es el compromiso, entendido como la decisión consciente de amar, compartir, estar juntos. Sería cuando decidimos formar parte activa de la relación y formalizar sentimentalmente dicha relación. El compromiso implica tomar una decisión que puede ser a corto o largo plazo. En el corto plazo, el compromiso exige decidir que uno está enamorado. El compromiso a largo plazo implica decidir cultivar y mantener la relación amorosa. En la práctica, esto suele comprender la decisión de compartir planes de vida y a veces formar una familia.

Si quieres saber en qué punto se encuentra tu relación de pareja puedes fijarte qué componentes son más fuertes en vuestra relación. ¿Destaca más la pasión en tu relación pero apenas hay intimidad? ¿Existe mucha intimidad pero la pasión brilla por su ausencia? ¿Qué significan todos estos datos?

En múltiples ocasiones encontramos parejas que están juntos por diversos motivos, pero que realmente no son felices. Si una pareja obtiene puntuaciones bajas en intimidad, pasión y compromiso, posiblemente no haya amor en esa relación. Puede que sigan juntos por otras razones, como el miedo a estar solo/a, o que tengan hijos y prefieran seguir con el esquema de familia típico por no querer romper la inercia del día a día, o decenas de motivos más.

Pero también encontramos parejas que puntúan bajo en algún componente y alto en los demás. ¿Cómo se interpreta este resultado? ¿Qué ocurre si alguien puntúa alto en intimidad y muy bajo en pasión y decisión/compromiso? Pues que nos encontramos con una relación más cercana a la amistad que a la amorosa. Sería como tener un amigo/a con quien nos encontramos a gusto, pero la falta de pasión y compromiso nos darían datos de que esa relación no funciona realmente a nivel amoroso.

Si la puntuación es alta únicamente en pasión y en los demás componentes es baja, nos encontramos con una relación puramente pasional o sexual. Si esa pareja no siente la necesidad de establecer un compromiso ni encuentran la capacidad de relajarse y ser ellos mismos, compartiendo sus emociones y sentimientos (intimidad), estaríamos ante una relación que como pareja puede tener un corto recorrido. La pasión por sí sola no es capaz de sustentar una relación de pareja tal como la entendemos en su plenitud.

Si la puntuación más alta la obtenemos en compromiso, estaríamos hablando de “amor vacío”. Podríamos encontrarnos en este caso en una relación que no funciona, pero en la que seguimos compartiendo nuestra vida con la otra persona por los hijos, por el qué dirán, por no estar solos…

En cuanto a los resultados que se pueden obtener, podríamos hablar de otras combinaciones, como por ejemplo, puntuar alto en pasión e intimidad, pero no en compromiso….o puntuar alto en intimidad y compromiso pero bajo en pasión, y así podemos encontrarnos con múltiples combinaciones, y cada una de ellas tendría un nombre y unas características. A continuación voy a exponer estas posibles combinaciones:

» Leer Más ...

amanoUna fobia es un trastorno de ansiedad. La persona que la padece sufre un miedo intenso e irracional a una situación, un animal o un objeto.
La palabra fobia procede del griego antiguo “Fobos”, el cual era hijo de Ares y Afrodita en la mitología griega y que representaba la personificación del miedo.

Muchas personas sienten miedo ante determinadas circunstancias o situaciones y la mayor parte del tiempo se puede vivir con ese miedo, pero una fobia es más que un simple miedo. La persona que padece alguna fobia puede sentirse extremadamente ansiosa o llegar incluso a tener un ataque de pánico en la situación en la que se le presenta su objeto causante de ese miedo.

El trastorno ansioso que acompaña a la fobia se desarrolla cuando un temor se hace tan extremo que la persona comienza a organizar su vida para evitar los objetos o situaciones que son la fuente de su ansiedad.

Puede que pensemos que padecer algún tipo de fobia es algo curioso o sorprendente, pero debemos saber que las fobias no son un trastorno extraño, de hecho, son muy comunes. Los expertos calculan que las fobias en su conjunto tienen una incidencia del 5% de la población mundial. Esto significa que una de cada veinte personas padece algún tipo de fobia. Las fobias suelen comenzar a desarrollarse en una media de 13 años de edad y muchas personas sufren de ellas sin saberlo. Las mujeres suelen padecer algún tipo de fobia con más frecuencia que los hombres.

Las fobias pueden clasificarse en:
Fobias específicas (miedo a ciertos objetos, situaciones o fenómenos).
Fobias sociales (temor o ansiedad extrema frente a determinados acontecimientos sociales, como entablar contacto verbal con desconocidos, hablar en público, o cuando el niño sufre una gran angustia al separarse de su madre…).
Fobias más complejas (como el caso de la agorafobia). Aunque desde el punto de vista diagnóstico no tendría la acepción de fobia compleja, he querido distinguirla de alguna forma por poseer unas características especiales, que explicaré más adelante.
Las fobias específicas son mucho más comunes. De hecho, mucha gente padece una fobia específica pero ésta no le afecta en su vida cotidiana (como podría ser el caso de una persona que viva en una gran ciudad y que padezca de ofidiofobia –miedo a las serpientes- y que, llegado el caso, evitará encontrárselas en un zoológico).

Resulta bastante difícil determinar cuáles son las fobias más comunes (ya que varían según el sexo y la edad –los adolescentes padecen fobias sociales con más frecuencia que los adultos-), pero, de forma general, he elaborado una lista con las fobias que se consideran más comunes.

» Leer Más ...

Se acercan unas fechas muy especiales. Pasamos a una rutina invernal, vistiendo nuestras calles de luces y color. Los escaparates se acicalan y casi todos andamos pensando en reuniones familiares y de amigos, con comidas especiales. Todo se impregna de un estímulo festivo especial que cada uno vive con mayor o menor alegría, dependiendo de las circunstancias particulares de cada persona. Posiblemente, en las casas en las que más se disfruten estas fechas son en las que hay niños. A los peques de la casa les suele encantar la Navidad…vacaciones escolares, reuniones con primitos y amigos, regalos…definitivamente son los reyes de la casa. Pero debemos tener cuidado con no convertir a los adorables reyes de nuestro hogar en unos emperadores tiranos con los que realmente la convivencia sea asfixiante, y que, incluso, pueden convertirse en unos adultos con un gran desequilibrio emocional, con lo que muy difícilmente podrán ser felices ni ellos ni las personas que los rodean.
Cualquier padre o madre amorosos que estén leyendo esto pensarán que sus hijos jamás se convertirían en los emperadores monstruosos que he descrito anteriormente, pero debemos desde pequeños no bajar la guardia con nuestros hijos. Expertos en delincuencia y violencia juvenil advierten del aumento de las denuncias de padres a hijos en España, «hasta un 400% en los últimos cinco años», según precisó el jefe del Centro de Salud Mental de Santurce, Roberto Pereira, durante unas jornadas organizadas por la Diputación y la Universidad de Valladolid en junio de este año. Habría que tener en cuenta que estos datos son los que se conocen oficialmente, pero que la mayoría de los padres sufren estas situaciones sin denunciar, ya que la tendencia general de los padres es encubrir el problema por lo que seguramente existirán miles de casos más.

Este enorme problema de nuestra sociedad tiene una mayor repercusión incluso fuera de nuestras fronteras. En EEUU la incidencia de la violencia física o verbal de los adolescentes hacia sus padres se encuentra entre el 7 y el 18 por ciento de las familias tradicionales, llegando en las monoparentales (crianza del hijo sólo por su madre o por su padre) hasta el 29 por ciento. En Canadá incluso las estadísticas hablan de que 1 de cada 10 padres es maltratado por sus hijos.

La tiranía de la que hablo conjuga un repertorio de conductas de los hijos hacia sus padres cuyas características principales serían:
- Egocentrismo. (Suelen ser egoístas, pensar en ellos mismos antes que en los demás).
- Suelen ser niños impulsivos.
- Pueden mostrar rechazo hacia el cumplimiento de las normas y la autoridad, llegando incluso a mostrarse insensibles hacia cualquier castigo que sus padres impongan.
- Son ansiosos en conseguir aquello que desean
- No suelen mostrar arrepentimiento o sentimiento de culpabilidad cuando actúan de forma agresiva o desafiante.
- Suelen mostrar insensibilidad emocional, falta de empatía.
- Frecuentemente utilizan la mentira.
- Poca tolerancia a la frustración. Tienen que conseguir lo que quieren y rápidamente.
- Les cuesta pedir perdón.
- Agresiones verbales o físicas, actitud amenazante.

¿Podemos como padres hacer algo al respecto o el niño o niña es violento por naturaleza y no se puede hacer nada?
Es cierto que algunos niños o niñas nacen con una predisposición genética a mostrar un temperamento bastante complicado de manejar. En estos casos, si los padres no actúan de forma determinante, con tesón, constancia y firmeza para que esos comportamientos desafiantes y agresivos no vayan a más, se puede asegurar que hay muchas probabilidades de que ese niño o niña se convierta en un tirano/a en potencia. Me dirijo a los padres porque son los que más tiempo están con ese niño o niña, pero indudablemente necesitan del apoyo incondicional de los educadores y de la familia (tíos, abuelos…), ya que el trato diario con niños o adolescentes de estas características conlleva un desgate físico y psicológico enorme, y que suele pasar factura a los padres. Incluso es aconsejable pedir ayuda profesional para que orienten a la familia y puedan instaurarse pautas que les puedan ayudar en su día a día.

» Leer Más ...

«Anterior | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | Siguiente»