Revista Todo

Rafaela Suárez Ugarte

Nací en el seno de una familia muy unida, mis padres se fueron a Cuba a trabajar. Después de 16 años casados decidieron venirse a España. Entonces llegué yo a este mundo, dos años después mi hermano, el pobre desde que nació siempre estaba delicado, hasta que murió a los cinco años.

Quizás este triste suceso cambió el carácter de mi padre, creo yo, por cómo se comportaba con mi madre y también conmigo. Al poco mi padre se lio con una "pilingui" y llegaron a casa los malos rollos. Se acostumbró a hacerla sufrir martilizándome a mi.

Mi padre en esta época además nos arruinó y al final, acabó yéndose de casa.

Mi madre me dijo: "Hija, nos hemos quedado solas, la vida será dura pero más tranquila, tienes que ayudarme lo que puedes y sé formal, ten cuidado con los chicos, como tu padre se ha portado tan mal y nos ha dejado por otra mujer, tienes que ser una chica decente, darte a respetar, no hagas bromas con nadie (con lo que a mi me gustaban)."

La gente nos respetó y nos ayudó mucho. En aquellos tiempos estábamos dos mujeres, aunque yo era una niña, al frente de un bar pero nunca hubo un escándalo en nuestro local.

A los 14-15 años si que empecé a comprender lo que mi madre sufrió y luchó. Todo lo que había en la casa lo luchó mi madre, a mi padre nunca lo vi detrás de la barra.

A partir de entonces fui ayudando más a mi madre aunque ella era la que más trabajaba. Por deseo de ella fui a Baracaldo a un colegio a aprender a planchar. Empecé a planchar camisas a clientes del bar. De esta manera sé arreglar prendas, mantelerías y servilletas, así como bordar a máquina. También las vecinas me ayudaron mucho en estas cosas. Con 21 años fui a corte y confección, poco después mi madre quiso que yo fuese a Bilbao dos años para aprender cocina. Entre lo que me enseñó mi madre, lo que aprendí en la academia y mi afición creo poder decir que no se me da mal.

Los clientes del bar empezaban a pedir platos hechos por mi y aprendidos de la academia: tortilla de patatas, pimientos rellenos, setas, patas de cerdo… Ellos me animaban y yo me esmeraba aún más.

Unos años después conocí al que hoy es mi esposo, llevamos más de 30 años y felices. Aunque al principio él era muy celoso, pero aguanté porque le quería. Al año tuve un niño precioso, igualito que el padre, es mi tesoro, serio, formal, trabajador.

Pusimos un bar en Torre del Mar, y nos quedamos sin un duro, mi marido tuvo que ir a trabajar al campo a Zafarraya y yo me fui a un chalet de El Tomillar 9 años donde era como de la familia.

A mi marido lo llamaron de Almayate para trabajar. Claro esto estaba más cerca y resultaba mucho más cómodo. Pero, un día yendo para allá en la moto, un loco no respetó el Stop y se lo llevó por delante. En Carlos Haya le hicieron una primera operación y a los pocos días le cortaron la pierna, sufrió muchísimo y yo con él. Le pusieron una prótesis y ahora corre más que yo. En estos momentos está bien, tranquilo, le ha mejorado el carácter. Somos felices, sólo se enfada si le gano al parchís.

Este sitio usa cookies para mejorar su experiencia de navegación. En cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012, al pulsar OK consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información