amanoMayo de 2005, el AC Milan y el Liverpool alcanzaban la final de la Champions League. Los italianos, a las órdenes de Carlo Ancelotti, y los ingleses, con Rafa Benítez de entrenador, iban a vivir el que para muchos no es sólo la mejor final de la historia, sino también el mejor partido de fútbol visto nunca. Nada más arrancar el choque, el conjunto rossonero se adelantó en el marcador gracias a un gol de Maldini. El segundo equipo con más Champions de la historia no se conformó con ese resultado, y por medio de un doblete de Crespo lograron que al descanso el luminoso reflejara un contundente 3-0.

Menuda charla se tuvo que llevar la plantilla del Liverpool por parte del técnico español, y en la segunda mitad del encuentro se pusieron las pilas. En menos de diez minutos, y antes del minuto 60, los “reds” habían logrado poner las tablas en el electrónico. El autor del primer gol, que fue el que inauguró el camino a la remontada, fue Gerrard, el cuál abandonó el club de su vida el pasado verano. Poco después del primer tanto, Smicer puso los nervios en el estadio por lo cerca que estaba algo que hacía pocos minutos parecía prácticamente imposible.

El gol del empate lo anotó un español, Xabi Alonso, actual jugador del Bayern de Múnich. El resultado al final de los 90 minutos fue 3-3. Llegaba la prórroga, el cansancio ocupaba las piernas de los 22 jugadores que había en el terreno de juego, y un error podía quitar en un santiamén lo que tanto habían peleado. En los treinta minutos adicionales ninguno de los dos equipos metió el balón en las mallas y el enfrentamiento se fue a la fatídica tanda de penaltis.


El encargado de lanzar el primer penalti fue el conjunto italiano, el cuál erró la pena máxima tras un disparo de Serginho que se marchó por encima de la portería. Los ingleses si convirtieron el primer tiro desde los once metros, obra de Hamann, el cuál había empezado la final desde el banquillo. El segundo penalti del AC Milan lo tiró Pirlo, aunque también falló, esta vez debido a una gran parada de Dudek, portero que un tiempo después jugara en el Real Madrid. El segundo penalti de los ingleses también fue dentro gracias a un lanzamiento de Cissé a la izquierda del portero. El AC Milan no se podía permitir otro fallo en el tercer penalti, y Tomasson logró que el balón cruzara la línea de gol. El Liverpool podía dejar casi hecho el título si anotaba el tercero, pero Dida logró que el disparo de Riise no terminase en las mallas.

Kaká no falló el cuarto tiro del club de Milán y metió presión al Liverpool. Smicer, autor del segundo gol de los de Benítez, ejecutó correctamente su disparo y colocó más cerca a los “reds” de levantar la orejona. El último penalti del AC Milan le correspondía a Shevchenko, el cuál tenía la máxima responsabilidad, ya que si fallaba se terminaba todo, y si anotaba, aún se podía aferrar el conjunto italiano a su guardameta. El delantero disparó por el centro de la portería y Dudek adivinó su intención. Este hecho convertía directamente al Liverpool en campeón de la Champions League, sin necesidad de tirar su quinta pena máxima.

Nadie predecía tal final cuando el marcador era de 3-0 al descanso. Ningún aficionado del Liverpool podía imaginar aquello por mucha fe que tuviera en su equipo. Aquel 25 de mayo no quedó grabado sólo en la historia de los ingleses, sino que cómo decíamos al principio, quedó en la memoria de la historia del fútbol.


Foto: http://www.liverpoolfc.com