El acebuche u oleastro, cuyo nombre científico es Olea europaea var. sylvestris (familia Oleaceae) se considera una variedad silvestre del olivo común (Olea europaea ssp. europaea), que se tratará más adelante como árbol nutritivo. Algunos autores la han considerado una subespecie (Olea europaea ssp. oleaster),o incluso una especie diferente (Olea oleaster) de la doméstica (Olea europaea), pero no hay fundamento para ello. En cualquier caso, esta forma silvestre crece espontáneamente y acompaña al encinar mediterráneo, por lo que debe ser considerado una especie forestal a todos los efectos, aunque es posible que en su historia evolutiva haya tenido hibridaciones espontáneas con la forma doméstica, al menos desde la edad del Bronce, en que se tiene constatado que ya coexistían ambas subespecies. Recientes estudios filogenéticos muestran que existen dos formas de acebuche que evolucionaron separadamente durante las glaciaciones: la occidental (a la que pertenecen nuestros acebuches) y la oriental.

Normalmente se le ve con un porte arbustivo, llegando a ser un arbolillo de no más de 1,5 m de altura, pero si no es intervenido antes por el hombre puede alcanzar un porte arbóreo de hasta 10 m de altitud, aunque con un ritmo lento de crecimiento y en cambio una gran longevidad, estando documentados ejemplares italianos de más de mil años. El tronco es corto, a menudo de forma irregular, retorciéndose a medida que va envejeciendo, produciendo un característico embolsamiento en su base, desde la cual pueden partir ramas adventicias. La corteza es lisa, de color gris ceniciento, oscureciéndose con el tiempo y cubriéndose de numerosos hoyos profundos. Hojas perennes, agrupadas en parejas, coriáceas y recias, de tamaño variable, siendo pequeñas y redondeadas en la base y de hasta 8 cm y lanceoladas, en el ápice, con el borde liso y ondulado, recurvado hacia el envés, terminadas en punta pinchuda; el haz es de un color verde oscuro mate o grisáceo, siendo blanquecina en el envés por la pubescencia cenicienta. Las flores están agrupadas en inflorescencias de tipo racimo en las axilas de las hojas, siendo la flor muy pequeña, de cuatro piezas soldadas en su base y la corola de color blanco. El fruto, llamado acebuchina, es una drupa parecida a una aceituna, pero más pequeña y menos carnosa (mesocarpo delgado), aunque es muy apetecida para muchas aves (tordos, mirlos, estorninos) durante los meses otoñales, que al mismo tiempo contribuyen a la dispersión de las semillas.

El acebuche es un árbol que forma parte de comunidades vegetales heliófilas y termófilas, principalmente encinares, aunque también aparece en quejigales y alcornocales. Frecuentemente, la desaparición de los encinares hace que los acebuches aparezcan asociados a sus comunidades seriales, como tomillares, palmitares, etc. Es una planta plenamente adaptada a la climatología mediterránea, soportando mal las heladas (inviernos por debajo de -5ºC), pero en cambio resistiendo muy bien las altas temperaturas (un máximo de 50ºC) y sequías prolongadas, gracias a las adaptaciones de sus hojas, recias y recurvadas para reducir la pérdida de agua por transpiración. Además, en el envés, donde se encuentran los poros o estomas, tiene una capa tomentosa que logra retener una capa de aire húmedo. Tal vez por ello este prodigioso órgano, cuya producción supone un alto coste energético a la planta, no se pierda cada otoño, sino que se mantiene durante todo el año. En cuanto al suelo, aunque puede crecer en todo tipo de suelos, parece ser que se encuentra mejor en suelos calcáreos o básicos, especialmente si son profundos, como es natural. Florece entre abril y junio y el fruto madura a principios del otoño.

El origen natural de esta especie es incierto pues, para algunos la patria origen sería el Cáucaso, desde donde posiblemente la civilización mediterránea la dispersara por toda la subregión mediterránea: sur de Europa, norte de África y Oriente Medio. Otros estudios, en cambio, basándose en la existencia de una subespecie africana más antigua, piensan que el origen podría ser del norte de Africa. En cualquier caso, las deforestaciones e hibridaciones espontáneas con la forma doméstica tal vez redujeran los acebuchales originales a unas pocas manchas dispersas por el Mediterráneo, siendo posteriormente utilizados por el hombre para extender los cultivos del olivo doméstico.

En la Península Ibérica se encuentra ampliamente distribuida, a excepción de la zona atlántica (aunque se encuentran poblaciones en la Cornisa Cantábrica y alrededores de Lisboa), principalmente en terrenos forestales del este y sur (Andalucía). En la comarca de la Axarquía es una especie relativamente frecuente en zonas forestales bajas, aunque la intensa roturación del suelo los ha eliminado, quedando únicamente en zonas pedregosas, donde la agricultura es imposible, como las cimas de los cerros, laderas verticales y roquedales tipo “rozas”, como las que hay en los campos de Colmenar-Periana. En esta zona hay áreas donde los acebuches se encontraban en masa, formando acebuchales, como lo muestran los mapas fitogeográficos antiguos, (ej. al pie del Cerro Alcolea, Tajo el Gomer, Sª de Alhama, etc.) y en algunas zonas de la comarca hay toponimias que aluden a estas formaciones como la aldea El Acebuchal (Cómpeta). En la provincia de Málaga no se ha destacado ningún acebuche como árbol notable, pero en nuestra comarca hay un ejemplar muy grande situado al pie de la Peña Negra (Sierra del Codo), en el límite de Colmenar con Antequera, que bien lo merecería. A pesar de todo la planta no está en peligro y por ello no figura en ningún catálogo de protección.

Desde tiempos inmemoriales el acebuche se ha utilizado como patrón para todas las variedades de olivo cultivado, hecho que explicaría que se encuentren actualmente olivares en zonas pedregosas, a veces creciendo en medio de una roca, donde es imposible pensar que haya sido cultivado. También se han utilizado para polinizar a olivos domésticos con parte masculina estéril (manteniendo acebuches en los alrededores de los cultivos), pues al parecer dan frutos más grandes, pero en estos casos la semilla de estos híbridos suele dar también acebuche. Sus aceitunas dan poca cantidad de aceite, por lo que no son utilizadas para este fin. Las propiedades farmacológicas son similares a las del olivo: su hoja aminora la tensión sanguínea, provoca la orina y su aceite se ha usado para sanar quemaduras, llagas y heridas, así como en lavativas. Su madera es muy dura y decorativa. Actualmente es muy apreciado para hacer bonsáis.

Este árbol bien podría ser un símbolo para la cultura mediterránea y desde antiguo se le ha atribuido una gran fortaleza y resistencia. Tal vez por ello, en la antigüedad, a los triunfadores de los juegos olímpicos se les condecoraba con una corona hecha de ramas de acebuche. Igualmente, algunas representaciones de personajes célebres por su valentía también aparecen con la consabida rama de acebuche. Entre las creencias destacamos una, arraigada en Murcia, por la que se dice que arrojando hojas de acebuche hacia atrás se elimina una verruga por cada hoja que se seque.