Para muchos de nosotros, la música es una vía de escape, inspiración, relajación… por eso es importante el que la podamos llevar con nosotros. Desde que la tecnología lo ha permitido, siempre ha habido soluciones para poder disfrutar de nuestras canciones favoritas allá donde fuéramos. En esta nueva entrega de la serie de Gadgets del Pasado, recorreremos las opciones que se fueron desarrollando a lo largo del tiempo para tal fin.

Walkman
A mediados de los años 60, la industria musical sufrió una revolución por la introducción del casete de la mano de Philips. Se reducía el tamaño físico del soporte propiciando el desarrollo de sistemas de audio portátiles. Unos cuantos años más tarde, a finales de los 70, la empresa Sony sacó al mercado el primer modelo de Walkman que existe.

Cuenta la leyenda, que por la misma época, la compañía japonesa rival JVC tenía un prototipo parecido, pero al presidente de la empresa no le pareció una buena idea y se desechó el prototipo. Un paso en falso que posiblemente le costó a JVC la posición dominante de la que ha disfrutado Sony desde entonces.

El funcionamiento era bastante básico: alimentación a pilas y/o red eléctrica, sin posibilidad de grabación, sin altavoz integrado (pero con un conector de auriculares), y audio casetes como medio de reproducción. A medida que los años pasaron, el dispositivo se hizo más y más complejo, añadiendo funciones tales como sintonizador de radio AM/FM, mejora de sonido por ecualización, rebobinado automático, cascos inalámbricos…

Su éxito fue tan rotundo que el nombre comercial se apoderó de toda la gama de productos y a día de hoy nos referimos a ellos sencillamente como “Walkman”, incluso si no eran de Sony. La empresa los estuvo fabricando por más de 25 años, descatalogándolos definitivamente en 2004, ¡una fecha no tan lejana en nuestro calendario!

Discman
Viendo el éxito que tenían entre manos, Sony se alió con Philips para definir lo que sería el siguiente estándar musical: el CD. Convencidos del potencial que tenía este nuevo formato, no tardaron en adaptar la idea del Walkman para CDs: nacía el Discman a mediados de los años 80.

Misma idea: un dispositivo portátil de tamaño reducido, que pudiera reproducir un CD de música allá donde fuéramos. Pero había un gran problema que el Walkman no poseía: la vibración. Al tratarse de un dispositivo óptico, el láser que se usar para leer el disco, es muy sensible a la vibración mecánica, por lo que cualquier golpe era suficiente para que la música se detuviera brevemente. Sin embargo, nada que los ingenieros de Sony no pudieran arreglar: si se lee la música y se almacena de forma temporal antes de ser reproducida, se puede anticipar este tipo de pausas.

La siguiente evolución vino no en formato físico, si no en formato lógico: A mediados de los 90, surgió una forma de comprimir el audio digital de sin pérdida aparente de calidad (y digo aparente, ya que depende mucho de la forma en que se comprima): MP3. El tamaño final de los ficheros suele estar en una décima parte del original.

Por tanto estamos hablando que en un CD donde normalmente entraban 74 minutos de audio, podíamos llenar hasta la friolera de 12 horas de música dependiendo cómo se comprimieran los archivos. Las empresas no tardaron en ver en esto un filón de oro y pronto se empezaron a ver los primeros Discman MP3: mismo sistema que un Discman normal, pero también admitía un CD-ROM con ficheros MP3.
Esto unido con la popularización de Internet, y el surgimiento de programas como Napster, que permitían la distribución “no tan legal” de música, hizo que el formato MP3 se estableciera como un estándar a la hora de escuchar música. Incluso hoy en día, con cientos de nuevas formas de comprimir música totalmente sin pérdidas, el MP3 sigue reinando.

Reproductores con memoria interna
Viendo claro que el futuro estaba en los formatos digitales, el mercado se volcó hacia los reproductores de MP3. Se trata de la misma idea, pero cambiando el lector de CD por una memoria interna no intercambiable, y que se podía llenar conectándola a un PC.

El primero que fue un éxito de ventas fue el RIO PMP300, un dispositivo de finales del 98 que ofrecía la irrisoria capacidad de 32 Mbytes (comparado con los 650/700 de los CDs), pero con un tamaño muy reducido. Sin embargo, fue el que abrió la puerta a futuros dispositivos.

No obstante, el más conocido no surgiría hasta dos años más tarde cuando el renovado Apple con Steve Jobs de nuevo a la cabeza, comenzó a comercializar el iPod con una capacidad de partida de 5 Gbytes, 160 veces la capacidad del Rio original. Fue en este punto donde se inició una guerra de varios fabricantes para tener el dispositivo más pequeño, con mayor capacidad y mayor duración de la batería. Llegando a valores tales como 160 Gbytes, más de 5000 veces la capacidad del Rio.

A medida que los teléfonos móviles aumentaron su capacidad de almacenamiento, las ventas de este tipo de reproductores se han visto reducidas considerablemente. Nadie necesita cargar un dispositivo extra con una funcionalidad que ya cubre el teléfono móvil. Así que podríamos decir que el último eslabón que tenemos ahora en audio portátil son efectivamente nuestros teléfonos.