amanoEl término conformismo es un término abstracto que se utiliza para hacer referencia a la actitud que un ser humano puede tener ante la vida y las diferentes situaciones que le tocan vivir día a día. La idea de conformismo proviene del adjetivo “conforme”. Estar conforme con algo significa aceptarlo y si bien cuando se usa este adjetivo se suele dar un sentido positivo a la persona, en el caso de conformismo esa aceptación se vuelve negativo en tanto y en cuanto la persona se caracteriza por aceptar todo aquello que le sucede independientemente de que eso sea negativo o positivo y no hacer nada para luchar en contra de lo que no le gusta o satisface.

Estar bien consigo mismo no es incompatible con tener ganas de superarse y avanzar. Los niños en cuanto a las cosas materiales, tienen de todo. Viven la realidad de la ley del mínimo esfuerzo. Todo les es regalado, ofrecido, y poco tienen que pedir, y luchar para conseguir. Por ello debemos estar pendientes de educarles para vencer la pereza y la apatía y sean capaces de postergar los placeres y las gratificaciones inmediatas, alguna vez, y priorizar objetivos.

Si nos detenemos en el tipo de educación implantada hace unos años, podremos observar cómo los profesores preferían a los niños conformistas, que conseguían buenas notas y exigían poco (de esta forma se estaba valorando más a los aprendices receptivos y los discípulos más que a los aprendices activos).

¿Qué hacer?
Los adultos no podemos comprender al niño o la niña si no somos capaces de colocarnos desde su punto de vista interior para ver las cosas como él las ve, sólo con un grado elevado de empatía le comprendemos y aceptamos incondicionalmente.


La autoridad y la firmeza son necesarias para promover valores y capacidades. Es la actitud que facilita la interiorización de normas de conducta. La autoridad bien ejercida tiene el objetivo de alcanzar la progresiva madurez y responsabilidad de los niños y niñas. La autoridad no debe confundirse con el autoritarismo que reprime la iniciativa, impide el desarrollo de los recursos internos y convierte al niño en conformista que acata los criterios de los demás o en continuo rebelde. En el hogar hay que mantener la disciplina. Aunque este valor está desprestigiado, es imprescindible para establecer y conservar el orden, la disciplina no autoritaria evita la amenaza y el castigo, lleva a los niños y niñas hacia la disciplina interior que dirige y canaliza las capacidades hacia la consecución de objetivos y metas en la vida.

El niño o niña dispone de naturaleza sociable, está concebido para la convivencia, es capaz de asumir su responsabilidad como miembro de la sociedad, no podemos imponer a los niños y niñas las pautas de comportamiento de los adultos, pretendiendo que actúen como “hombres y mujeres con tamaño reducido”.

Como se ha dicho con anterioridad, la permisividad produce falta de control interno, convierte a los niños en egoístas y oportunistas e impide su evolución hacia la madurez. La sobreprotección transmite sensación de incapacidad e inseguridad, lesiona la autoestima y bloquea el crecimiento emocional.

Los padres, las madres podemos y debemos fomentar la autoestima elevada en nuestros niños y niñas. Con intuición y habilidad de empatizar comprenderemos sinceramente desde su mundo interior los sentimientos y las emociones, cuidando de no lesionar la opinión que sobre sí mismos comienzan a forjar.