amanoAún dentro de los llamados “insectos primitivos”, contamos con un huésped relativamente frecuente en nuestras casas: el pececillo de plata, cuyo nombre científico es Lepisma saccharina. Más raramente pueden aparecer otras especies tales como Petrobius maritimus y Thermobia domestica. Se trata de un pequeño artrópodo que clásicamente se venía agrupando en los llamados Tysanuros, nombre que actualmente, tras la revisiones taxonómicas, ha pasado a ser Zygentoma.

Son insectos sin alas, de ahí que se engloben en los llamados Apterigotas. Su cuerpo es alargado, en forma de zanahoria (más ancho anteriormente, estrechándose posteriormente), de entre 2 y 20 mm, aplanados y con tórax más ancho que el abdomen. Según la especie, son de color gris, pardo o amarillento. Los representantes de la familia Lepismatidae, al que pertenece el doméstico pececillo de plata, tienen un aspecto brillante debido a que poseen el cuerpo recubierto de escamas de aspecto metálico,que renuevan en sucesivas mudas (pero sin desarrollar metamorfosis). En la cabeza tienen un par de antenas con capacidad de detectar alimento y peligro; presentan ojos compuestos y tienen un aparato bucal de tipo masticador. En el tórax tienen tres pares de patas (de ahí que sean considerados como insectos o hexápodos), que les confieren gran movilidad y agilidad a pesar de que son ápteros. Su movimiento recuerda la ondulación del cuerpo durante la natación, de ahí que se les llame “pececillos”, aunque posiblemente su revestimiento de escamas también contribuyan a esta denominación. El abdomen finaliza con tres característicos apéndices largos, a los cuales deben su nombre puesto que thysanos significa adorno y oura, cola. Los dos laterales se denominan cercos y el único mediano se le llama paracerco, que tienen función táctil.

Como otros Apterigotas, los Tysanuros son animales que necesitan humedad para desarrollar su ciclo vital, por lo que son lucífugos, habitan entre la hojarasca, debajo de las piedras, en cuevas y en aquellos lugares húmedos donde puedan encontrar alimento. Por otra parte algunas especies son termófilas, hecho que explicaría que algunas especies prefieran instalarse en cocinas y panaderías. En las viviendas también frecuenta lugares donde hay pequeños restos de comida, como la cocina y el comedor.

Su nutrición es omnívora, pero tienen preferencia por hidratos de carbono de origen vegetal, como el almidón y la celulosa, aunque formen parte de objetos elaborados, como papel. En efecto,. estos insectos pueden llegar a los edificios habitando cuartos de baño y cocinas, alimentándose de libros, tejidos, pieles, etc.

Como no tienen alas para huir ante una situación conflictiva, utilizan otros recursos, como la rapidez de movimientos y los giros bruscos de su cuerpo formando un arco, ayudados por los apéndices que tienen en el extremo de su abdomen, todo lo cual, junto con su cuerpo recubierto de escamas, explica que sean difíciles de coger.




Viven en hendiduras y rincones oscuros, alimentándose de cualquier tipo de sustancia orgánica que tenga almidón. Tienen hábitos nocturnos que sólo pierden cuando inician el cortejo nupcial. Es entonces cuando realizan un baile desenfrenado dando vueltas el macho alrededor de la hembra y viceversa hasta que el macho fabrica una bolsita con sus espermatozoides (espermatóforo) y la deposita en el suelo, tejiendo después una fibra señalizadora para indicar a la hembra donde la ha dejado. La hembra recoge la bolsa y la introduce en su cuerpo, produciéndose entonces la fecundación. Carecen de desarrollo postembrionario (son ametábolos), dando lugar a un individuo que simplemente va creciendo, aumentando su biomasa.

Tras la eclosión, los individuos jóvenes son muy parecidos a los adultos (no hay metamorfosis), a diferencia de la mayoría de los insectos. Tienen un desarrollo directo desde el ejemplar joven al maduro, mudando la cutícula quitinosa al menos seis veces durante su vida (estimada en cuatro o cinco años), hasta alcanzar el tamaño del ejemplar adulto.

En general se les considera inofensivos, más allá de comerse la silicona de alguna tubería o algún resto de azúcar caído en el suelo, pero se ignoran los importantes daños que pueden ocasionar en las librerías de nuestras viviendas, especialmente aquellos libros que se encuadernaron con cola celulósica. Su actividad continuada en el tiempo puede llegar a ser desastrosa, creando nidos en libros que nunca se abren, produciendo agujeros y deterioros de enorme coste cuando atacan a libros de gran valor. Pero si las librerías se inspeccionan y airean periódicamente (ej. una vez al año) los posibles daños serán mínimos en los libros. Como otros artrópodos, el pececillo de plata necesita un ambiente de humedad, por lo que la mejor estrategia para evitar o erradicar estos pequeños artrópodos consiste en airear la habitación afectada, disminuyendo con ello la humedad ambiental. En lugares muy localizados, poner sobrecitos de silicagel también pueden ser un revulsivo.