amanoMás allá del espacio en que habito, por encima del mundo que me alberga, hay algo que me mueve a lo infinito, algo que me hace levantarme de esta tierra…pregonaban los cantautores Alberto y Emilia en mis años de adolescente cuando vivía en Ronda y participaba en los grupos cristianos en el Colegio de la Inmaculada y San José de la Montaña, donde felizmente creo que recibí una buena educación humana, religiosa y social de la que me he beneficiado en numerosísimas ocasiones y la que sigo desarrollando hoy día desde mi vocación de sacerdote, aunque siempre me digo a mi mismo que soy persona, luego un bautizado más y luego un sacerdote más de la Diócesis de Málaga, de la que me siento muy orgulloso de pertenecer y en la que soy feliz siendo párroco de un pueblo.

Cuando me dispongo a escribir este artículo tengo en mis entrañas el corazón encogido y me faltan palabras para expresar mis sentimientos y mi opinión sobre el mundo que Dios ha creado, mundo sin fronteras, universal y fraterno para todos sus hijos. Por eso siento vergüenza al ser cómplice, en cierta forma, del desbarajuste que sufren los pueblos servios en este gran éxodo provocado desde la sinrazón, el egoísmo y el deseo de gobernar la humanidad con las herramientas del capital, del poder y del afán de dominar al otro. Cualquier ser humano sea creyente o no, cualquier persona con un mínimo de inteligencia y de razón al contemplar las imágenes que los informativos nos muestran queda impactada y en estado de shock ante la tragedia humana de peregrinos que andan sin saber a donde ir, caravanas humanas, trenes y autobuses repletos de personas que gritan, que lloran, con sus miradas perdidas e inundadas de miedo y asustadas al no saber a donde van y cuando podrán encontrar y vivir en paz y en dignidad con el resto de sus familiares.

Estas imágenes divisadas desde el televisor o estampadas y reproducidas por Internet me han recordado las Guerras Mundiales o las Guerras Civiles que estudiábamos en el Colegio y en el Instituto, que causaron terror e intensa y eterna tristeza en muchas naciones, algunas de ellas todavía no recuperadas. Claro está, que si analizamos el globo terráqueo y nos vamos parando en los distintos países, sobre todo, asiáticos, latinos y africanos descubrimos que existen países, pueblos y pueblecillos que llevan viviendo conflictos bélicos más de treinta años y todavía no han mostrado signos de paz, de diálogo y de reconciliación, sabiendo que de generación en generación, se trasmite y así pasa de padres a hijos y de hijos a nietos las disconformidades, las actitudes y posturas encontradas y divididas casi hasta la eternidad.


¡Qué pena nos da el ser humano cuando vemos este panorama en el mapa de la vida! ¡Qué sentimiento de coraje y de dolor podemos llegar a experimentar si solamente nos cruzamos de brazos ante lo que acontece delante de nosotros! Por eso, cada vez que nos reunimos el Grupo de la Pastoral de Migración de la Parroquia de Santa María de la Encarnación y San Juan Bautista de Vélez-Málaga renace un paso más en nuestra corresponsabilidad ante los conflictos mundiales y dejamos de estar pasivos para tomar parte de la realidad con nuestra oración, con la reeducación de los grupos parroquiales y de los colectivos sociales a los que pertenecemos, con nuestros manifiestos ciudadanos y con nuestra colaboración económica y humana directa o indirecta hacia los más desprotegidos. Alemania, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Rumania, Marruecos, Nigeria, Venezuela y España son los países que conforman el Grupo de Pastoral de Migración, aunque también hacemos presentes a todos los países del mundo y por supuesto siempre con las puertas abiertas a que se unan otros hermanos nuestros de cualquier lugar o procedencia.

Buscamos que sea la Fe la que nos una y la preocupación por la dignidad y la atención del ser humano están también siempre presente. Actualmente nos preocupa los peregrinos que están cruzando fronteras y esperando un destino vislumbrador y una acogida por parte de los países europeos. Nosotros mientras tanto rezamos por ellos y preparamos el terreno, coordinados y llevados de la mano desde Caritas Española, dispuestos junto con otros organismos oficiales y otras ONGs a acoger a estos hermanos nuestros, a los que acompañaremos en su dolor y nos abriremos junto con ellos a sus esperanzas. En nosotros está la fuerza del Señor que nos hace levantarnos de esta tierra y movilizarnos con todos los ciudadanos del infinito. ¡Aquí estamos hermanos peregrinos, sed bienvenidos a esta vuestra tierra, a este vuestro corazón, el corazón universal de Dios!

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