amanoCon estos diminutos animales comenzamos el vasto grupo de los Insectos o Hexápodos, llamados así por tener tres pares de patas, además de antenas y, en gran parte de ellos, alas. Precisamente los que nos ocupan ahora pertenecen al grupo de los insectos no alados, llamados por ello Apterigotas, si bien hay autores que no los considera insectos en sentido estricto, ya que carecen de muchos caracteres propios de los insectos y en cambio tiene caracteres tan propios como la furca y órganos de regulación hídrica, considerándose tal vez más próximos a los Crustáceos.

El nombre general de estos animales se debe a la presencia de un apéndice retráctil ventral (fúrcula o furca) con el cual pueden propulsarse muchas veces el largo de su cuerpo, que no suele superar los 5 mm. Su presencia se delata precisamente por pequeñas aglomeraciones de insectos diminutos que dan poderosos saltos. Como otros insectos, tienen un par de antenas, aunque de pocos artejos, detrás de las cuales se ubica un órgano sensorial postantenal (Órgano de Tömösvary), exclusivo de estos animalitos, ausente sólo en colémbolos de vida epigea. Dicho órgano tiene forma variable y se cree sirve para percibir estímulos químicos ambientales. Los ojos situados detrás de las antenas y del órgano postantenal, son sencillos y de número variable. El aparato bucal es de tipo masticador en la mayoría de los casos. En el tórax existe un par de patas por cada segmento. El abdomen presenta seis segmentos, teniendo la abertura genital en el quinto, y en el primer segmento hay una especie de evaginación viscosa denominada colóforo, que sirve al animal para adherirse a sustratos muy lisos, gracias a una secreción mucosa.

Sobre el tercer segmento abdominal del lado ventral hay una formación birramosa denominada tenáculo, doblada bajo el cuerpo cuando el animal no lo utiliza. Como se ha indicado, los colémbolos poseen además un órgano de salto llamado fúrcula, el cual es retenido por el tenáculo. La fúrcula se compone de manubrio, dientes y mucrón; al ser accionada provoca un potente salto del pequeño animal.
Los colémbolos se alimentan de micelios, esporas y bacterias. Ramoneadores de la microflora y microfauna especialmente en la rizosfera; consumen desechos vegetales y esqueletos animales; son microdepredadores de nematodos, tardígrados, rotíferos; realizan dispersión de microorganismos, helmintos y cestodos parásitos; son hospedadores de parásitos, presas de macrofauna e ingenieros del microecosistema.

Debido a su pequeño tamaño, y a tener su hábitat en el humus o en materia en descomposición, pasan desapercibidos para el hombre. Suelen formar grupos gregarios, situación que facilita la comunicación química, y mediante feromonas sexuales y de agregación, los colémbolos pueden sincronizar las mudas y la reproducción. Por otra parte presentan comportamientos migratorios como reacción a cambios en la calidad del ambiente.

La forma de reproducirse es característica: no se aparean, ya que el macho no posee órganos de cópula aptos para trasladar sus productos germinales a las vías genitales femeninas. El macho produce un espermatóforo donde los espermatozoides se protegen de la desecación mientras se realiza su deposición y el momento que la hembra los recoja. El espermatóforo se sitúa en la cúspide de un pedúnculo breve que el macho asegura al sustrato. Al término del cortejo, la hembra coloca su abertura genital sobre el espermatóforo y así aproxima ambos gametos para la fecundación.

Estos diminutos animales son raros en las viviendas modernas, pero en algunas viviendas de campo, y especialmente si tienen establos cerca, pueden llegar a formar importantes agregaciones que pueden ser molestos, siendo Folsomia candida una de las especies más antropófilas.

Ciertamente, estos artrópodos necesitan un ambiente de elevada humedad y rico en materia orgánica, factores que no se dan en las viviendas normales, pero pueden resistir detrás de los armarios si las paredes mantienen cierta humedad. No produce ningún daño al ser humano, aunque les puede producir una sensación de picazón cuando pasen por su piel. Para deshacernos de ellos hay que reducir las condiciones de habitabilidad: reducir la humedad (ej. con mayor circulación de aire, o con ventiladores), eliminar los hongos que crecen con la humedad, eliminar las posibles fugas de agua y arreglar los marcos deteriorados de las ventanas. Moderar el riego de las plantas de interior y si una maceta está plagada de colémbolas, desecarla y cambiar la tierra, así como limpiar de residuos (hojarasca, restos de poda, etc.) el jardín próximo a la vivienda.