amanoAunque normalmente asociamos la labor del logopeda a edades tempranas, es bueno recordar que intervenimos en todas las edades, en trastornos del lenguaje y comunicación que afecten a la población infantil, adulta o en la ancianidad. Y hoy me centraré en este último grupo y en una enfermedad que padecen ellos y afecta a todos los que están alrededor.

El alzhéimer es una enfermedad de carácter neurológico y progresiva. Afecta al cerebro produciendo la muerte de las neuronas, lo que conlleva a un deterioro de todas las funciones cognitivas, tales como memoria, lenguaje y percepción. Actualmente la sufren gran cantidad de personas mayores y con una población que tiende a envejecer nos encontramos con multitud de casos. La característica principal, es la pérdida de memoria y es en esta área donde el logopeda centra sus esfuerzos.

Desgraciadamente a día de hoy no existe cura, pero sí que podemos aportar un tratamiento que frene el empeoramiento de la enfermedad que, combinado con diversas terapias consigan unos resultados eficaces. Tales terapias abarcan musicoterapia, refuerzo de las capacidades cognitivas, de memoria, de atención, habilidades motrices, etc.

Dicha demencia afecta al lenguaje, acarrea fallos en el discurso y comunicación, con pausas muy prolongadas o anomalías en la prosodia o entonación del discurso entre otros aspectos. Los órganos que por general sufren un deterioro más prematuro o avanzado suelen ser la vista y el oído.

El trabajo debe ser rutinario y es bastante extenso: a nivel orientativo, de memoria, cognitivo y sensorial. Cada cierto tiempo es importante evaluar al paciente para averiguar qué áreas han sufrido mayor deterioro y cuales siguen conservadas. No podemos fijar una cronología o un límite temporal de la terapia debido a las características de esta enfermedad, por lo que se empieza junto con los primeros síntomas de demencia (cuanto antes intervengamos mejor) y se prolonga lo máximo posible para acompañar el proceso de la enfermedad intentando estimular, preservar las áreas y frenar el deterioro cognitivo.

Trabajar con este tipo de pacientes es una labor muy gratificante, pero también de mucha paciencia y entereza, pues no todos los días son iguales y a veces más que como terapeuta debemos actuar como un apoyo emocional que ayude a la persona a seguir el tratamiento ya que en ocasiones nos enfrentamos a días de menos ánimo.

Una constancia, un apoyo por parte de toda la familia, amigos y de nosotros mismos son la base de la intervención.