Los recientes avances de la biología celular están anunciando un importante giro evolutivo. Por casi 15 años hemos mantenido la ilusión de que nuestra salud y destino estaban programados en nuestros genes, concepto referido como determinismo genético. Aunque la conciencia de la humanidad esta corrientemente impregnada con la creencia de que el carácter de la vida está predeterminado genéticamente, un enfoque nuevo y radical se está desarrollando en las fronteras de la ciencia.

Los biólogos celulares ahora reconocen que el ambiente (universo externo y fisiología interna), y sobre todo, nuestra percepción del ambiente, controlan directamente la actividad de nuestros genes.
Por tanto, el conocimiento ambiental interfiere en la regulación genética y guía la evolución del organismo, lo que en otras palabras viene a decir que los genes son regulados por “señales ambientales”.

La física cuántica, provee la comprensión de cómo la vibración y la resonancia tienen impacto en la comunicación molecular, constituye la clave que revela el mecanismo mediante el cual nuestros pensamientos, actitudes y creencias crean las condiciones de nuestro cuerpo y el mundo externo. Este conocimiento puede ser empleado para redefinir activamente nuestro bienestar físico y emocional.
Las células “leen” su ambiente, analizan la información y luego seleccionan el programa de comportamiento adecuado para mantener su supervivencia.

La medicina convencional ha ignorado consistentemente las investigaciones publicadas en sus principales revistas científicas, investigaciones que revelan claramente la influencia que tienen los campos electromagnéticos en la fisiología celular. Se ha demostrado que los campos electromagnéticos regulan virtualmente cada función de la célula, incluyendo la síntesis del ADN y el ARN. Estos conocimientos reconocen que el conocimiento biológico puede ser controlado por fuerzas de energía “invisibles” las cuales incluyen los pensamientos.

Los estímulos ambientales pueden producir mutaciones “adaptativas” que capacitan a una célula a alterar sus genes. Por ejemplo, si un organismo “percibe un estrés que realmente no existe, la percepción errónea puede cambiar los genes para acomodarse a la “creencia” de que esa situación existe, aunque realmente no exista.

Si nuestras percepciones nos favorecen, el comportamiento resultante será de mejoría de la vida. Si operamos desde las percepciones erróneas, nuestro comportamiento será inapropiado y perjudicará nuestra vitalidad comprometiendo nuestra salud.

Conclusión:
Controlemos nuestros pensamientos y creencias, porque ellos regularán nuestra vida