Una de las cosas que más curiosidad me suscita de mi profesión es la disposición y funcionalidad de las áreas cerebrales. El estudio de este órgano esencial para nuestra existencia es algo que nunca dejará de sorprendernos pues su complejidad es tal que resulta imposible averiguar su funcionamiento con total precisión. No hay dos cerebros iguales, como tampoco hay dos personas exactamente idénticas y se ha evolucionado tanto en la historia del ser humano que ni siquiera podemos intuir hasta donde conseguiremos llegar ni cuales son nuestros límites cognitivos.

Hasta la primera Guerra Mundial se sabía muy poco sobre las funciones y áreas de la corteza cerebral, pero en esa época, soldados con heridas de bala en pequeñas zonas del cerebro fueron estudiados en busca de cambios funcionales cerebrales. Hoy en día sabemos que el cerebro se divide en dos hemisferios (derecho e izquierdo). Las personas diestras desarrollan más el hemisferio izquierdo y las personas zurdas el hemisferio derecho. Y se divide también en cuatro lóbulos que coinciden con las fisuras que marcan el cráneo humano (frontal, temporal, parietal y occipital).

El hemisferio izquierdo del cerebro es el responsable de nuestras capacidades lingüísticas, numéricas y lógicas y el hemisferio derecho está especializado en facultades no verbales como los sentimientos, las capacidades artísticas, el pensamiento y procesar las informaciones de los sentidos.

Pero además de la división hemisférica física que existe, el cerebro se podría organizar como un mapa con distintas áreas en las que cada una se especializa en determinados aspectos. Por ejemplo; la zona frontal del cerebro mantiene funciones motoras de coordinación de movimientos, de pensamiento y personalidad mientras que el área sensitiva encargada de aspectos como el dolor, la presión, tacto, temperatura…la podemos encontrar en el lóbulo parietal. El área encargada de la visión estaría ubicada en el lóbulo occipital; el área de la memoria reciente junto con la audición se encuentra en el lóbulo temporal (que coincide a la altura de los oídos) y el lenguaje en el área prefrontal. Más concreto en las llamadas áreas de Broca y Wernicke (nombre que reciben gracias a sus descubridores como suele pasar).

Numerosos estudios han revelado la importancia de la estimulación durante la etapa de gestación para el desarrollo del lenguaje y el aumento de capacidades de aprendizaje. Y es que nuestro cerebro comienza su desarrollo en la etapa prenatal y es hasta la infancia cuando más plasticidad neuronal tiene, por lo que los aprendizajes serán mucho más rápidos y efectivos si sabemos aprovechar estas capacidades tempranas.