La verdad es que el título de este artículo dice ya bastante. No sólo juega un papel importante la familia; el lenguaje de los niños suele estar condicionado en gran parte por lo que ven en casa, por su familia o sus cuidadores más cercanos, pero el entorno en general modela este hecho. Hablamos del entorno refiriéndonos a amigos, compañeros de clase, profesores, familiares… y por qué no decirlo, también la televisión u otros medios que aporten lenguaje. Los niños pasan generalmente más tiempo del que deben frente al televisor, y este hecho hace que muchos de los comportamientos o expresiones sean imitaciones de lo que ven.

Son como esponjas y seremos su ejemplo. Existen muchos casos de problemas de pronunciación porque los padres hablan muy rápido o tienen una mala articulación a la hora de hablar, y este hecho les dificulta porque pueden confundir muchos sonidos y producirlos de forma errónea. Cuando tenemos un niño en plena etapa de desarrollo lingüístico, debemos proporcionarle el modelo correcto de habla, o al menos intentarlo. Un ritmo un poco más lento y una articulación más cuidada pueden mejorar de forma considerable esta etapa tan importante para ellos. Otros comportamientos paternales hacia los hijos como una sobrecarga de estrés reflejada en continuas discusiones, enfados o castigos, o una sobreprotección también pueden afectar al lenguaje.

Algunos consejos que pueden venir bien para saber como actuar en beneficio del lenguaje de nuestros niños son:
-Hablarles con un ritmo ligeramente más lento al habitual y con entonación.
-Articular las palabras lo mejor posible para que capten las diferencias de sonidos y la forma correcta a imitar.
-Hablarles mucho y pedirles a ellos que lo hagan también, contándonos lo que les ha ocurrido, leyendo cuentos juntos, comentando sus dibujos favoritos, etc. Podemos usar temas que sepamos que son de su interés para alargar más las conversaciones.
-Corregirle cuando se equivoque pero no decirle que lo ha hecho mal, sino repitiéndolo mejor. Le diremos la palabra correcta para que la vuelva a oír de la forma correcta.
-No enfadarlo demasiado con las correcciones pues puede frustrarse también si cree que no es capaz. Hay que darle su tiempo y tratar el tema de una forma natural y cariñosa.
-No compararlo con otros niños. Cada uno tiene su ritmo y hay que respetarlo siempre que avance y no notemos un estancamiento o retroceso en el tiempo.
-Hacer o inventar juegos en los que tengamos que hablar como el Veo-veo, cantar cancioncillas, decir adivinanzas…
-No burlarse de sus errores, pero tampoco “reírle la gracia” cuando se equivoque, ya que se dan casos tanto de dejar de hablar o reducir los intentos de comunicarse por miedo a equivocarse en el primer caso, como en otro extremo opuesto, en el que se amoldan a decir una palabra o expresión mal dicha porque entienden que eso nos puede causar risa y elogiamos su peculiar manera de decirlo.

Normalmente hay que tener paciencia, porque cada niño es diferente, pero estando atentos y brindándoles nuestro apoyo seguro que el proceso será mucho llevadero.