Estos últimos meses hemos hablado mucho de memoria, cómo potenciarla y cuidarla. No obstante, la capacidad de nuestra mente no se limita ni mucho menos a la memoria. La multitud de conexiones neuronales que se enredan en nuestro cerebro va más allá de los recuerdos o de los conocimientos que pudimos acumular en la escuela. Los seres humanos imaginamos, fantaseamos y soñamos con ideas nuevas alejadas de toda realidad tangible. Nos emocionamos con la mezcla de colores de una obra de arte, nos sorprendemos con los avances tecnológicos actuales, descubrimos nuevas formas de cura para las enfermedades que antaño nos mataba. Estamos constantemente creando para avanzar hacia el infinito. Gracias a nuestra sed de innovación hemos llegado a desarrollar cosas extraordinarias y destructivas a la vez. Justamente equivocándonos ha sido cómo hemos evolucionado, porque tropezar a menudo nos conduce hacia una nueva idea. En la ciencia la mayoría de las investigaciones fallan, probablemente más del 90%, aunque no se usa exactamente la palabra “fallar”, sino el descubrimiento de lo que no funciona, permitiendo descartar hipótesis para acercarse a la buena. Se trata de un proceso constante.

Poner nuestra imaginación en práctica es justamente lo que llamamos “creatividad”. Muchos pensamos que nos somos creativos porque no sabemos dibujar, inventarnos una novela o crear una composición musical. Podría ser porque no nos llame la atención esos ámbitos. La creatividad no se limita a lo artístico o a lo tecnológico. Una persona que se invente una receta combinando varios alimentos ya es creativa. Puede que no salga comestible la primera vez, pero a través de varios intentos puede salir una receta exquisita que sorprenda a sus amigos. Un maestro que se invente mil formas de dar la clase para entusiasmar a sus alumnos, un arquitecto que elabore una construcción novedosa, un panadero, un peluquero,…Se puede ser creativo con absolutamente cualquier cosa. El único requisito es que te apasione ese elemento, que te motive a buscar más allá de lo dado sin conformarte. No lo haces por el resultado, sino por el simple proceso de hacerlo, como fin en sí mismo. Una bailarina no baila por ganar un concurso o ser “la mejor”, sino por el mero disfrute de bailar, lo que la recarga de energía a pesar de estar extenuada tras repetir una y otra vez el mismo paso.

Todo el mundo tiene facultades creativas que se pueden desarrollar. Lo único que nos diferencia de ser creativos o no es haber aprendido a serlo y haber practicado. Por miedo al qué dirán, miedo a fracasar o miedo al arriesgarnos demasiado y perderlo todo no nos lanzamos, dejando oportunidades atrás. Pero qué sería de la vida sin el riesgo. Probar y caerse constantemente hasta conseguir algo maravilloso. La creatividad no se limita a las personas especiales. Se puede observar muy bien en los niños. Ellos no se autoimponen límites. Dejan florecer sus ideas y dedican su tiempo a aquello a lo que les gusta de verdad, perdiendo la noción del tiempo por completo: bailar, pintar, cantar, construir,… Somos los adultos los que les imponemos a nuestros peques el camino que deben seguir: “¡No! Haz los deberes”, “¡No! déjate de tonterías”. Probablemente los mejores atletas del mundo no lo serían si los padres no les hubiesen dado importancia a las pasiones de sus hijos. Aunque nunca podían imaginar hasta donde podían llegar. Todos tenemos talento si sabemos descubrirlo. Ese “gustito y placer” de Karlos Arguiñano por la cocina, esa dedicación y precisión de Rafa Nadal por el tenis, ese imperio Apple creado por Steve Jobs no hubieran sido posibles si estos personajes no hubiesen sido unos apasionados de su profesión, buscando las formas de ponerlo en práctica. De ahí el siguiente requisito: un talento sin puesta en práctica, sin esfuerzo y disciplina no es nada. Se quedan en meros “me hubiese gustado”.

¿Quieres ser más creativo? En el próximo artículo te enseñamos cómo y las ventajas de serlo. Hasta entonces recuerda esta frase de Confucio:
Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.