¡Feliz 2015! Ya hemos dejado otro año atrás. Probablemente ya tengamos en mente algunas resoluciones para este año.

Teniendo en cuenta que nuestro cerebro es el motor central de nuestro cuerpo vamos a aprender a potenciar nuestra mente. Un aspecto que nos preocupa a lo largo de nuestra vida es nuestra memoria. Sea en el colegio en el que nos teníamos que aprender listas enteras, en la adultez como la etapa más activa y productiva o en la vejez, donde son más prevalentes las demencias. Aunque nuestra capacidad intelectual no se reduzca a la memoria, sí que le damos mucha importancia. Llegando a cierta edad es frecuente que nos preguntemos “Cómo es posible que me acuerde de cuando iba a la escuela y no me acuerdo de lo que hice ayer”. Lo lógico sería acordarse de lo más cercano temporalmente, pero la memoria no funciona así. El hecho de almacenar un recuerdo más a largo plazo y rememorarlo (anécdotas y batallitas de juventud) hace la huella amnésica más profunda. Mientras que la memoria a corto plazo requiere que pase tiempo para que ese recuerdo se quede más fijado. No existe una memoria única y global, sino que se divide en varios almacenes independientes.

- Memoria sensorial: relacionada con los sentidos (visual, auditiva, olfativa, táctil). La memoria visual o fotográfica sirve para recordar con detalle una imagen (una habitación, un cuadro de Picasso,…)

- Memoria explícita: es la capacidad de recordar conscientemente algo. Puedes ser acontecimientos más o menos lejanos (memoria episódica) o recordar un idioma que aprendimos (memoria semántica).

- Memoria implícita: funciona a nivel inconsciente, almacenamos información sin darnos cuenta. En esto se basa la publicidad subliminal.

Esto significa que podemos ser buenos en algún tipo como la memoria fotográfica y no tanto en otros como recordar números de teléfono. Además la memoria se lleva a cabo a través de tres fases:

1. Registro: en la que recibimos la información y por tanto cobra gran importancia nuestras habilidades perceptivas y atencionales. Si no ponemos atención consciente difícilmente podremos recordarlo luego. De ahí que muchos despistados piensen que tienen mala memoria, pero lo que tendrían que trabajar es su atención.

2. Almacenamiento o Retención: la información no se almacena en nuestra memoria, así sin más, sino algo habrá que hacer con ella para que quede fijada. Para ello existen muchas estrategias:
a. Organizar los datos nuevos,
b. Asociarlos con ideas que tenemos en mente, mejor aun si los vinculamos con lo emocional (los momentos importantes y felices se recuerdan más)
c. Visualizar cerrando los ojos la página que estamos leyendo, la situación en la que estamos, etc.
d. Repetir y comprender: cuanto más repetimos, la huella será mucho más potente, pero si además comprendemos lo que estamos aprendiendo el procesamiento es mucho más profundo aun.

3. Recuperación: aquí los nervios nos pueden jugar una mala pasada y quedarnos en blanco. Lo mejor es pararse, respirar profundamente y beber agua. Con esto le estás diciendo a tu cerebro que la situación es lo suficientemente tranquila para poder perder el tiempo en beber agua.

Ya sabemos cómo funciona, sólo nos queda aprender a potenciarla. No te lo pierdas en el próximo número.

Cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa. Arthur Schopenhauer