Recuerdo en mi adolescencia los paseos dominicales por las calles empedradas de Ronda y las sentadas que hacíamos en las plazoletas y especialmente en la Alameda del Tajo. El acompañamiento de alguna guitarra nunca faltaba y nos ayudaba a entonar canciones que aprendimos en el colegio, en el coro y a través de los grupos musicales que estaban en aquel momento de moda. En el contexto de las fuentes de agua, de las aves que anidaban en la arboleda frondosa y del cielo azulado o grisáceo según fuera un tiempo u otro, aquel lugar podría ser el escenario ideal de un auténtico video clip que sólo quedará grabado en el recuerdo de este peculiar grupo de jóvenes al que evoco al transcribir estas anécdotas inolvidables.

Cantábamos canciones de estilo meditativo y también cantábamos en broma, la cuestión era compartir los gozos y las esperanzas de los hombres y mujeres de entonces. Cantos reflexivos, pausados y cantos con ritmo, atrevimiento y denuncias. La cuestión era expresarse y compartir. ¡Cómo compartíamos con tan pocos medios! ¡Qué lejos estaba nuestra mente de los grandes almacenes y del poder adquisitivo de los euros tan metidos en las entrañas y en los pensamientos de hoy! Una cartera vacía de money money, pero una caja entera llena de sorpresas, de creatividad, de ingenio y de mil aventuras que acontecían en el transcurso de los periodos primaverales y otoñales. La compañía y el ingrediente diario de este gran grupo era la Alegría, si duda alguna. Nos reíamos de todo, sanamente. Las carcajadas y los llantos de risa a veces duraban horas y horas, hasta dolernos el costado de no parar de reír. Chistes, anécdotas, representaciones, imitaciones, disfraces y cuentos brotaban por doquier.

Siempre nos buscábamos los unos a los otros. El grupo crecía y siempre tenía su puerta abierta. Éramos un grupo admirado por todos, niños y niñas, emprendiendo el camino de la búsqueda la juventud. Juventud sana que tuvimos la suerte de crecer en este grupo de la Parroquia de Ntro. Padre Jesús en Ronda muy unido al Colegio de la Inmaculada y san José de la Montaña.

“Nos ha gustado mucho, nos ha hecho mucha gracia, Ja,ja,ja, chirichichi, gorigorigori, chirichichi, gorigorigori chirichichi, tengo un canario y olé”.....cantábamos entre sonrisas y rostros de ilusiones que eran frecuentes verlos pasear por los barrios y plazas del lugar.

También los niños nos peleábamos entonces, no quiero ponerlo todo tan de color de rosa, pero echo de menos las sonrisas y las carcajadas de aquel ambiente, el de hoy lo veo un poco triste.

Nosotros nos divertíamos, los niños de hoy no sé bien definirlos, pues muchos al verlos sentados en plazas y escalones, me dicen que se aburren y por otro lado sé que crecen las visitas a los médicos y psicólogos especialistas. Sé que los jóvenes y niños de hoy tienen muchos valores y muchas cualidades, están más formados, tienen mejor información, tienen mayores conocimientos de la vida en general, tienen muchísimas oportunidades para hacer florecer en ellos los hobbies y artes deportivas, musicales, escenográficas y demás talentos. Pero veo que carecen de esa creatividad espontánea que te hace compartir la alegría de ser niño o de ser joven que nunca se debe de perder, pues te ayuda a labrar tu futuro y a no perder ese niño que tienes dentro de tí.

Me planteo en numerosas situaciones y en mi quehacer pastoral desde la Iglesia, que faltan esos Ministros de la Alegría, que sepan darle esa pizca de entusiasmo a la misma vida, que sepan convertir el cielo gris de la sociedad en un cielo azulado. Y desde ese cielo sentir la carcajada que Dios nos ofrece al sonreírnos y decirnos: ¡Alégrate, el Señor está contigo!