El coco plumoso o “palmera reina” con que también se conoce, es una de las muchas especies de la familia Palmáceas, extenso grupo caracterizado por su porte con un tronco, sin ramas, del que salen directamente de su ápice unas hojas en forma de penacho. Su nombre científico es Syagrus romanzoffiana, en la que el nombre genérico proviene del griego syagros, que significa jabalí, por el mal olor que Plinio le atribuía a unos dátiles no comestibles, aunque este género no podía conocerse entonces porque son especies exóticas para la región Mediterránea; el nombre específico alude al ruso Romanzoff, a quien fue dedicada la especie. A simple vista podría parecer una palmera del género Phoenix, pues sus hojas son también pinnadas y el peciolo de la hoja también es espinoso, pero se diferencia en que los segmentos de la hoja están plegadas hacia el envés (reduplicados), mientras que en las palmeras normales lo están hacia el haz (induplicados), aparte de que el aspecto general es diferente, con hojas más flexibles y tallos de textura menos áspera. A este mismo género pertenece la palmera arikury (Syargus schizophylla), de frutos anaranjados, que también se cultiva en el sur de España; la palma ouricuri (Syagrus coronata), muy parecida a la plumosa, pero más pequeña y los segmentos foliares más cortos. También se puede confudir con la butia (Butia capitata), planta que puede aparecer en algunos jardines de Málaga, pero que tienen hojas más oscuras, casi azuladas y la sección de sus foliolos no es plana, sino en uve. No deben confundirse estos cocos, como se les llama popularmente, con el auténtico cocotero (Cocos nucifera), productor de los sabroso frutos que llamamos cocos, el cual no tiene las hojas con el aspecto plumoso de la especie que nos ocupa, sus flores son purpúreas y sus frutos obviamente son mucho más grandes, de hasta 1 m de diámetro; además los cocoteros no se pueden cultivar al aire libre en España porque exigen climas tropicales.

Se trata de una planta que incluimos como “árbol”, a pesar de que en un sentido más estricto no debe ser considerado como tal, su tronco carece de ramas y sus hojas crecen directamente del ápice, haciendo que el tallo crezca a medida que va formando nuevas hojas. El porte es por tanto de una palmera, más parecida a la del cocotero común que a la palmera (Phoenix), pudiendo alcanzar una altura discreta, de no más de 20 m, aunque lo normal es que no supere los 12 m; tronco grisáceo, casi liso, de unos 30-40 cm de diámetro, dejando muy visibles las cicatrices de las hojas caídas. La falsa copa, formada exclusivamente por las hojas, recuerda a una palmera pero de hojas más flexibles, como las del cocotero. Hojas pinnadas, de 3-5 m de longitud, de aspecto típicamente plumoso, debido a que los segmentos laterales se disponen de forma desordenada, en lugar de formar un solo plano como en otras palmeras, además de que los foliolos, de un verde lustroso y sección transversal plana, son estrechos, insertos en un raquis en varias filas y en grupos diversos de 2-5. Flores pequeñas, unisexuales y en el mismo pie (monoicas), en inflorescencias de 1-2 m de largo, agrupando las flores en grupos de tres, en los que dos son flores masculinas y una flor femenina; periantio de color amarillo. Frutos ovoides, de 2-3 cm de largo por 1,3-1,7 cm de ancho, envueltos por fibras exteriormente, verdes al principio, y anaranjados cuando están maduros.

En su hábitat natural esta palmera vive en zonas cálidas, generalmente en zonas abiertas, con cierto grado de humedad ambiental, pero resistiendo bien periodos secos, siendo tolerante en cuanto al tipo de suelo, tolera mal los suelos demasiado calcáreos o muy pobres. En cuanto a su fenología, es una planta siempre verde pues aunque va renovando las hojas, que se secan debajo de las nuevas y acaban por caer, va renovándose continuamente las hojas en la parte apical. La floración tiene lugar en un amplio periodo que oscila entre mayo y octubre, principalmente a finales del verano, y sus frutos aparecen en otoño. La semilla germina fácilmente en un tiempo de alrededor de treinta días.

Planta originaria de Brasil, donde crece espontáneamente, aunque también se cultiva en alineaciones de grandes avenidas. Desde allí ha sido exportada a muchos países, aunque siempre de clima cálido o templado, no en zonas frías o continentales. En la Península Ibérica se encuentra en multitud de jardines y alineaciones de calles y paseos en todos los municipios costeros del litoral mediterráneo, particularmente en el Levante y Sur. En la capital malagueña podemos ver las dos especies de Syagrus anteriormente señaladas y del coco plumoso hay un enorme ejemplar, que sobresale de los demás árboles, en la Hacienda de la Concepción. En la comarca de la Axarquía se empiezan a ver estos cocos en casi todos los municipios del litoral, como Rincón, Vélez, Torrox y Nerja. En Vélez, por ejemplo, se han plantado recientemente en la Avenida Vivar Téllez, reemplazando a las antiguas jacarandas, cuyas flores daban problemas a los viandantes.

En nuestro país, la principal aplicación de esta planta es la ornamental, no sólo por su belleza exótica general, como otras palmeras, sino por su tolerancia hacia climas no tropicales, aunque requiere que sean suaves, pudiendo resistir heladas de hasta 8 grados bajo cero, siempre que son sean prolongadas, así como periodos de sequía. Por otra parte, es una planta que arraiga muy pronto y admite trasplantes, lo que permite comprarla ya adulta en los viveros y recomponer una avenida o una calle sin tener que esperar mucho tiempo para que adquieran su mayor esplendor. En los últimos años, dentro de una moda de los municipios costeros de interés turístico, de plantar palmeras como árboles ornamentales, tal vez buscando un aire de exotismo que no le corresponde genuinamente, se está empezando a reemplazar la palmera canaria o la datilera, pasto de la temible plaga del picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus), por estas otras palmeras o cocos, más gráciles y fáciles de plantar y conservar. En su lugar de origen se ha encontrado otras aplicaciones de esta planta, como sus frutos, que son comestibles en estado maduro (en cambio cuando están verdes son tóxicos). Por otra parte, también se comen sus palmitos y de su nuez sacan un aceite; además su médula se ha utilizado para hacer sagú, una fécula nutritiva que se usa para hacer dulces gelatinados. Además, como con otras palmeras, sus hojas han sido utilizadas para hacer infraviviendas.