El quejigo o roble carrasqueño, es otra de las quercíneas autóctonas de la familia Fagaceae, a la que también pertenece la encina y el alcornoque, vistos anteriormente. Su nombre científico es Quercus faginea, llamada específicamente así porque su hoja fue considerada similar a la de la haya (Fagus). Se han citado dos subespecies: la Quercus faginea ssp. faginea, de hoja más pequeña y correosa y con dientes rígidos, más adaptada a climas mediterráneos (es la forma representada en la Axarquía) y la Quercus faginea ssp. broteroi, de hojas más grandes, casi planas y con dientes menos rígidos, además de tener el tomento del envés más denso, más adaptada a climas continentales y atlánticos. También se ha señalado un híbrido con la encina, llamada Quercus x senneniana. Próxima al quejigo es la quejigueta, Quercus lusitanica, en la mitad occidental de la Península (en Málaga alcanzando la Sierra de las Nieves pero no llegando a la Axarquía), diferenciable por su pequeña talla y hojas con un peciolo muy corto, a veces sin tomento en el envés, que a veces se hibrida con el roble, dando lugar al quejigo de Tánger, Quercus x tingitana, igualmente no presente en la Axarquía. Finalmente, en Málaga occidental también se encuentra el quejigo andaluz (mal llamado Quercus canariensis), un árbol mucho más robusto, de hojas lanceoladas y borde festoneado.

Se trata de un árbol de mediana estatura, de joven con porte arbustivo, no superando normalmente los 20 m de altura. Tronco derecho a sinuoso, delgado, con corteza pardo-grisácea, fina pero de textura rugosa, debido a numerosas grietas. Ramificación no muy abierta, dando lugar a una copa oval alargada, aunque si crece solitario se abre, haciéndose redondeada. Hoja caduca, en disposición alterna, con un peciolo bien aparente, de 4 mm de longitud, limbo simple, de 2-11 mm de eje mayor, de forma elíptica u oval-alargada, de borde lobulado en lóbulos profundos y dirigidos hacia el ápice, a veces rígidos y punzantes; verde brillante por el haz, más claro y mate en el envés, por la presencia de un tomento formado por pelos estrellados y simples. Flores unisexuales en el mismo pie (monoicas), las masculinas dispuestas en grupos sobre amentos pendulares alargados y flojos, cada una teniendo una sola envoltura formada por 5-6 sépalos alargados y un número variable de estambres; flores femeninas solitarias, rodeadas por un involucro de naturaleza córnea llamada cúpula, erizada de picos o agujones, con una envoltura similar a las masculinas sobre el ovario y pistilo formado por varias hojas carpelares soldadas. Fruto seco e indehiscente, tipo bellota, pendiendo por un pedúnculo corto, dando lugar a una nuez o glande y cubierta por una cúpula de escamas ovadas, algo prominentes en el dorso. Son típicas en este árbol, hasta el punto de servir para identificarlo, unas agallas esféricas de color pardo con unos picos formando una corona y un interior esponjoso, producidas como reacción de la planta ante picaduras de una avispita de la familia de los cinípedos (Cynips) en los brotes jóvenes, durante la puesta, de modo que esta tumoración sirve de protección para sus larvas.

El quejigo es un árbol muy bien adaptado al clima mediterráneo. Su óptimo climático se encuentra en el piso mesomediterráneo, es decir, prefiere en zonas con cierta humedad, aunque como se ha indicado hay formas más adaptadas a zonas de influencia mediterránea y otras más adaptadas a climas continentales y oceánicos. En cuanto al tipo de suelo, es bastante tolerante, encontrándose tanto en suelos silíceos como calcáreos y soporta bien los suelos pobres u oligotróficos. A menudo acompaña a la encina en bosques esclerófilos mixtos, pero a veces llega a dar formaciones más uniformes llamadas quejigares. Respecto a su fenología, el árbol tiene hoja caduca, pero tarda mucho en caer, quedando gran parte del otoño e invierno en estado marcescente, amarilleando y anaranjándose, hasta caer. En primavera recupera la hoja y florece entre marzo y mayo, antes que otras quercíneas acompañantes, y sus frutos maduran a finales del verano, entre septiembre y octubre.

Como otras quercíneas, el quejigo es un árbol típico del bosque mediterráneo, siendo autóctono en la zona del mediterráneo occidental, Península Ibérica y Norte de Africa. En la comarca de la Axarquía se encuentra preferentemente en las laderas de orientación norte de los sistemas montañosos, faltando en el resto de la comarca, afectada por un clima más térmico e intensamente desforestada por la agricultura de laderas. Se pueden ver buenos quejigares en la umbría de las sierras de Camarolos, Enmedio y Alhama, así como en los bosques mesófilos de las sierras de Tejeda y Almijara, distinguiéndose muy bien en los encinares mixtos por su verde algo más claro en verano y su hoja amarillenta en otoño. Se ha señalado un enorme quejigo en la Sierras de las Nieves, que mide 7 m de altura y 4,4 m de perímetro, calculándose una edad de unos 300 años. Sin embargo, los únicos quejigos notables que se han inventariado en el Catálogo Provincial de Árboles Singulares de Málaga son dos quejigos andaluces (Quercus canariensis) de Cortes de la Frontera e Istán, que alcanzan cerca de 30 m de altura, especie que además está protegida por la legislación andaluza, pero también se han inventariado tres quejigares de Q. canariensis situados en la Huerta del Médico (Benalauría) y otros de Q. alpestris en La Perra (Tolox), P.N. Sierra de las Nieves, como “arboledas singulares”. Pero del quejigo común apenas hay árbol destacado, salvo algunos ejemplares del quejigal de y Sierra de Líbar (Benaoján), P.N. de Grazalema, donde se encuentra mezclado con Q. alpestris. No obstante, de vez en cuando pueden verse ejemplares relativamente importantes, y tampoco goza de ninguna protección especial, más allá de la derivada de su condición de especie forestal.

No se conocen apenas aplicaciones del quejigo, aunque sin duda es una especie importante desde el punto de vista forestal y ecológico, contribuyendo a la fijación del suelo y por tanto a frenar la desertización. Se han señalado aplicaciones de las agallas por su riqueza en taninos, sirviendo como curtiente y la obtención de tintes, pero también suministra un astringente para usos medicinales. Sus bellotas, al nacer antes que las de la encina, tienen interés para la fauna, pues suministra alimento en un periodo de escasez. La madera es buena para hacer vigas, pero se ha utilizado más para el carboneo, la fabricación de carbón vegetal o picón, o como simple leña.

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